Una investigación global ha descubierto que Red Bull pasó más de una década financiando investigaciones universitarias que concluían sistemáticamente que mezclar bebidas energéticas con alcohol no es perjudicial. Estos hallazgos contradicen la mayoría de los estudios independientes y han moldeado la política de salud pública en múltiples países [S1, S2]. [1] [2]
La investigación, una colaboración en la que participan The Examination, STAT y otros medios, revela cómo la ciencia financiada por la industria influyó en decisiones legislativas, desde condados locales de EE. UU. hasta reguladores alimentarios europeos [S1, S2].
Cómo los científicos de Red Bull ayudaron a derrotar las restricciones locales
La estrategia de la empresa se manifestó públicamente en el condado de Suffolk, Nueva York, en 2011. Los legisladores locales estaban considerando una prohibición de la venta de bebidas energéticas a menores, una propuesta que surgió tras la prohibición efectiva de la FDA sobre Four Loko, una licor de malta cafeinado apodado “blackout in a can” (apagón en una lata) por los estudiantes universitarios [S1, S2].
Joris Verster, un académico de la Universidad de Utrecht, viajó a la audiencia y dijo a los funcionarios que no había base científica para la ley. Argumentó que culpar a las bebidas energéticas por el consumo excesivo de alcohol sería como culpar a la venta de helados de verano por los ataques de tiburones, utilizando una analogía adaptada a la comunidad de Long Island que inspiró la película de suspenso “Tiburón” [S1, S2].
Verster fue uno de los tres científicos que cruzaron el Atlántico para instar a los funcionarios a retirar la propuesta. Los otros dos eran un profesor británico y el director científico de Red Bull. Los tres habían recibido dinero de Red Bull a través de salarios o subvenciones de investigación [S1, S2].
Su argumento tuvo éxito. Los legisladores retiraron la disposición sobre el límite de edad [S1, S2].
El patrón de financiación detrás de la investigación
La audiencia del condado de Suffolk fue una victoria temprana en lo que se convirtió en una campaña global. Durante más de una década, Red Bull pagó cientos de miles de dólares para que profesores universitarios realizaran investigaciones favorables a la industria de las bebidas energéticas [S1, S2].
Los esfuerzos de la empresa fueron más allá de la financiación de estudios individuales. Red Bull trasladó a académicos a ciudades de EE. UU. y proporcionó puntos de discusión para reuniones con funcionarios gubernamentales que consideraban restricciones a las bebidas energéticas. También financió doctorados para investigadores en el Reino Unido y los Países Bajos [S1, S2].
En Estados Unidos y Canadá, la investigación respaldada por Red Bull o realizada por académicos con vínculos financieros con la empresa se ha utilizado para derrotar medidas como las restricciones de edad y las etiquetas de advertencia [S1, S2].
La marcada división en los hallazgos de investigación
La investigación recopiló más de 100 estudios sobre los riesgos para la salud o el comportamiento de mezclar bebidas energéticas y alcohol. Los hallazgos revelan una división pronunciada según la financiación [S1, S2].
De los estudios que recibieron financiación de Red Bull o fueron realizados por investigadores que declararon conflictos de intereses financieros con la empresa, el 95% concluyó que mezclar alcohol con bebidas energéticas no aumentaba los riesgos para la salud o el comportamiento [S1, S2].
Aproximadamente el 80% de los estudios independientes llegaron a la conclusión opuesta [S1, S2].
Los estudios respaldados por Red Bull han sido casi unánimes en su mensaje: consumir bebidas energéticas y alcohol juntos no es más perjudicial que beber alcohol solo [S1, S2].
Preocupaciones metodológicas y retiro de investigadores
Destacados investigadores de alcohol que revisaron algunos de los estudios vinculados a Red Bull identificaron problemas más profundos que la simple fuente de financiación. Un número de los estudios presentan fallos, dijeron, lo que plantea dudas sobre sus conclusiones [S1, S2].
En un caso, un equipo de científicos en Boston se retiró de un estudio financiado por Red Bull después de que Verster se negara a abordar problemas que ellos creían que sesgarían los resultados [S1, S2].
Peter Miller, profesor de la Universidad Deakin en Australia, criticó la ola de estudios financiados por la industria en un ensayo de una revista médica de 2013. Dijo a The Examination que las subvenciones de investigación representan “una inversión que utiliza la reputación de las universidades para poder influir en la política” y describió el esfuerzo como “una campaña para proteger sus beneficios y evitar la intervención legislativa” [1].
Cómo la investigación de la industria moldeó la política europea
Los estudios financiados por Red Bull tuvieron consecuencias más allá de la política local de EE. UU. Un informe fundamental de 2015 de una agencia alimentaria europea citó estos estudios al concluir que no había evidencia clara de que mezclar bebidas energéticas y alcohol fuera perjudicial [S1, S2].
Ese informe sigue siendo la última palabra sobre el tema en Europa y se ha utilizado para evitar acciones regulatorias en otros lugares [S1, S2].
Las directrices voluntarias publicadas por grupos industriales estadounidenses y europeos dicen que sus empresas miembros, que incluyen a Red Bull y Monster Beverage Corp., no promueven la mezcla de bebidas energéticas con alcohol y no afirman que las bebidas energéticas contrarresten los efectos del alcohol. El grupo europeo afirmó que la investigación académica ha encontrado que mezclar ambos no plantea riesgos adicionales [1].
El Jefe Global de Ciencia, Regulación y Asuntos Gubernamentales de Red Bull, Karlheinz Niederreiter, escribió en una breve declaración que las autoridades sanitarias de todo el mundo han concluido que Red Bull Energy Drink es segura para el consumo, señalando que el año pasado se vendieron casi 14.000 millones de latas en todo el mundo. Él y otros ejecutivos de Red Bull no respondieron a preguntas específicas sobre los hallazgos de la investigación, incluidas las relativas a la seguridad de consumir bebidas energéticas con alcohol [1].
El patrón más amplio
La investigación destaca un patrón más amplio en el que las empresas financian investigaciones sobre productos controvertidos, una práctica criticada por defensores de la salud. Lo que distingue a este caso, según los investigadores independientes que revisaron los estudios, es que los problemas metodológicos en el trabajo vinculado a Red Bull plantean dudas sobre si las conclusiones deberían tener peso en las decisiones políticas en absoluto [S1, S2].
Si quiere entender cómo se moldea la política científica, siga el rastro del dinero. El caso Red Bull muestra cómo la investigación estratégicamente ubicada puede influir en las decisiones, desde la sala de audiencias de un condado hasta un regulador alimentario continental, y por qué es importante verificar quién pagó por un estudio cuando los hallazgos afectan la salud pública.
Fuentes
- Is it safe to drink vodka Red Bull? Dubious research tied to the…
- Red Bull-tied science has shaped energy drink policy | STAT
- Dubious research tied to Red Bull has shaped energy drink policy
- Is it safe to drink Red Bull and vodka? Dubious research tied to the…
- Dubious research tied to Red Bull has shaped energy drink policy…
- Dubious Quality: Red Bull
- Satanic Symbolism in Energy Drink Logos - EerieWeb
- Why does Red Bull logo have bulls? - Promisekit.org